No nací para esconder mi cuerpo ni para hacerlo aceptable.
Nací para habitarlo. Para disfrutarlo. Para encenderlo.
Mi deseo no necesita explicación.
Mi placer no necesita traducción.
Mi cuerpo no se disimula, se disfruta sin culpa.
Para recordarme que existo aquí, ahora, vibrando.
Mi cuerpo desea. A mi cuerpo lo desean.
Y ninguna de las dos cosas es un accidente.
Yo no vine a ser una santa. Vine a sentirlo todo.